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Grabando “Todo Suena Igual”



En el invierno de 2018 íbamos a grabar este disco en el estudio de Maló Producciones en la ciudad de Querétaro, de hecho teníamos listos a todos los colaboradores y todas las ideas para poderlo hacer, sin embargo un problema personal bastante fuerte surgió con Chava y, como se dice vulgarmente, todo se fue al diablo hasta nuevo aviso… Lo cuál fue una lástima porque las canciones que se tenían preparadas las habíamos escrito después de grabar ”Navidad Sin Guerra” con Matterless Dusk, o sea, para ese momento eran canciones de tres años de edad…


La historia de las canciones y de por qué las sacamos hasta ahorita es una buena historia, pero debe ser contada en otra ocasión. SPOILER ALERT: Ale llora.


Hace unos días fuimos a ver a Litio tocar en un bar en Plaza Galerías porque la vida al parecer empieza a regresar poco a poco a la normalidad y después de año y medio encerrados, pues creo que nos hemos ganado el derecho de poder salir a arriesgar nuestras vidas respirando el aire infectado por culpa de la gente que sufre algún tipo de imbecilidad atenuada y que no entiende que el puto cubrebocas los podría salvar de una muerte horrible con un tubo atravesado en el gañote, y aunque es un hecho bien sabido que hay quienes gustan del deepthroating, saber que tu vida no está en riesgo mientras te introduces cosas en la garganta es, sin duda, una ventaja. Bueno, el punto era que salimos al bar porque nos ganamos el derecho…


Justo por la situación actual, no es permitida la permanencia voluntaria en los establecimientos, así que como Cenicienta, la magia se acaba a las 10 (Cenicienta Mesoamericana, por eso le dura dos horas menos). Después de que Litio terminó su presentación y ya encarrerados y sin ganas de dormir surgió el ya tan famoso y nunca obsoleto “¿de aquí a dónde?” y fue entonces cuando aparece en escena “Joey”, alguien a quien yo sólo había visto una vez en la vida y había sido hacía diez minutos porque se subió a tomarse una foto con Alondra (Alondra es la vocal de Litio). Joey muy decidido contestó la pregunta de los tiempos con un suave, pero contundente “si quieren vámonos al estudio”.


Quince minutos después y tras haber convencido a Thalía de que me acompañara, estábamos en una colonia poco transitada dentro de una construcción que constaba de un cuarto de grabación con una batería totalmente armada, un montón de cables y micrófonos rodeándola y del otro lado un cuarto de máquinas con monitores, consolas, un estudio, pues…


Joey nos platicó su historia, había una banda como de norteño intentando ensayar en el cuarto de máquinas y la gente seguía bebiendo y bebiendo (Yo no, porque pues ni que fuera un naco). Thalía estaba muy impresionada con lo que estaba viendo porque nunca había estado en un estudio de verdad, supongo… Ella conocía las canciones que llevaban ya poco más de media década guardadas y me dijo que por qué no las grababa ahí, yo sabía que ella sabía de mi situación que era básicamente que estaba a punto de irme a vivir debajo de un puente, y antes de mentarle la madre por desconsiderada, me ganó la palabra: “Yo las pago”.


Al día siguiente yo ya estaba ahí con Joey mostrándole los borradores que teníamos, me hizo un plan a mi media y empecé a juntar un equipo de valientes músicos dispuestos a emprender una aventura sin igual.


A la primera que busqué fue a Ale, obvio, porque si no no iba haber quién cantara. Le hablé a Zar Franco para que nos ayudara con el bajo y algunas guitarras acústicas, contacté a Omar Escorza a ver si le interesaba hacer los pianos y sintetizadores y Joey se ofreció a grabarnos las baterías de todo el disco.


Afortunadamente todos me dijeron que sí, ahora sólo falta que yo me aprenda mis partes…




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